Un lugar para aprender jugando

Facultad de Ciencias Humanas

Un lugar para aprender jugando
Martes, diciembre 20, 2016

#emprendedoresUCU

Jardín Miró cumple seis años de atención a niños de entre 45 días y 4 años

María Eugenia Correa y Paula Corp eran compañeras en la Licenciatura Educación Inicial. Mientras preparaban su tesis en una mañana de julio de 2010, la madre de Paula entró con el diario en mano y les dijo “venden la llave de un jardín”. Así comenzó la historia de Jardín Miró, aunque para María Eugenia fue mucho antes: “mi sueño siempre fue tener un jardín, a Paula le interesaba más el área social o incluso irse de maestra rural”, recuerda.


En la foto: Las directoras de Jardín Miró, María Eugenia Correa y Paula Corp

Hoy, seis años después de su apertura, Jardín Miró cuenta con la casa original y un anexo, con grupos de niños de 45 días a 4 años, 32 funcionarios y 99 niños a los que educan, potencian habilidades y competencias.

Nuestro principal diferencial es la calidad. Tenemos docentes formados, respetamos la cantidad de adultos por niño y una propuesta innovadora, con talleres de plástica, una huerta orgánica y salidas recreativas. Esa planificación la volcamos a los intereses de los niños, ya que buscamos estimular las inteligencias múltiples en ellos”, señala Paula. Otro aspecto novedoso se da en la merienda: “le damos productos orgánicos a los niños, ya que nosotras creemos en que somos lo que comemos, más aún en lo que refiere a la buena alimentación para los niños”, agrega María Eugenia.

El proyecto

Nos definimos como un Centro de Educación Inicial y el objetivo principal es que el niño venga a educarse. Brindamos un lugar seguro, una educación con objetivos y un proyecto que nos avala, al que año a año hemos agregado propuestas para innovar”, relata Paula.


En la foto: Paula Corp

“Todas las maestras están tituladas o son estudiantes avanzadas y tienen una planificación que se vuelca a clase en base a un programa del Ministerio. Los talleres son dictados por profesores de fuera del jardín, que vienen con sus propias metodologías, instrumentos o formas de manejar a los grupos y eso ayuda para alterar la rutina diaria”, señala María Eugenia.

Desde hace unos años Jardín Miró se transformó en un Centro de Práctica para los estudiantes de Educación Inicial de la UCU, algo que las directoras ven como “un desafío ya que estamos desde otro lugar. Tratamos de darles todas las herramientas a los practicantes para que puedan aplicar sus conocimientos, tengan una buena experiencia y se lleven aprendizajes”.

El nombre

Desde que empezaron a trabajar en el jardín tenían claro lo que querían transmitir: “un nombre corto, fácil de pronunciar para los niños”, recuerda María Eugenia. “No tenía que ser un diminutivo-agrega Paula– y debía reflejar un diseño particular en el jardín”. Fue así que empezaron a pensar en pintores y surgió Miró: “nos gustó, y lo elegimos porque queríamos pintar cada sala de un color, el patio, pintar cosas abstractas, con el estilo de Miró”, recuerdan.

Giros en el proyecto

Abrieron con un local, trabajando con bebés y niños de 1 y 2 años. Luego integraron el nivel 3 y luego el nivel 4: “cuando terminaba cada año los padres nos insistían para que abriéramos el nivel siguiente, porque querían que sus hijos siguieran con nosotros. Pero no queríamos perder la calidad a la que apuntamos y no teníamos el espacio”, recuerda María Eugenia, sobre el momento en el que decidieron “tirarse al agua” y abrir el anexo. Esto implicó otro desafío ya que nivel 4 implica tener una maestra de ANEP y debieron ajustar el programa.


En la foto: María Eugenia Correa

Emprender

Comenzaron el emprendimiento con 25 años, “casi la misma o menos que la de los padres que traían a sus hijos”. Durante dos meses cerraron el jardín para reformarlo a su gusto, “para incorporarle las cosas que nos gustaban a nosotras, en base a lo que habíamos visto en nuestras prácticas académicas durante la carrera. Cambiamos desde la electricidad hasta la pintura, y para ello contamos con la ayuda de la familia y los amigos” recuerda Paula.

Ese inicio y el camino recorrido las hace coincidir en que emprender es “una adrenalina, una aventura que una vez que la encaminás no sabés hacia dónde puede salir”.



Nota: Matías Gómez Balarini | Fotos: Fernanda Olivera

 

Bookmark and Share