Aprender de Lola

Aprender de Lola

Lunes, diciembre 28, 2020

Josefina Martínez, estudiante de Ingeniería Electrónica, ganó el Premio Fundación Ernesto y Elena Benedek 2020.

Cuando habla de Lola, a Josefina Martínez le cambia la cara, su mirada se ilumina. Josefina es estudiante de Ingeniería Electrónica y ha convivido durante nueve meses de este difícil 2020 con Lola, una perra guía de la fundación Fundappas en proceso de socialización. Por su ejemplo de sensibilidad y compromiso social, Josefina Martinez ha sido galardonada con el Premio de la Fundación Ernesto y Elena Benedek. La Vicerrectoría de la Comunidad Universitaria entrega este premio desde el año 2016 con el objetivo de fomentar la cultura de promoción y protección de los animales en la UCU.

Josefina recuerda cómo empezó todo: “Todo surge en un evento en el que había un cachorro diminuto, Isa, una labradora chocolate que Fundappas iba a formar para convertirse en perro guía. Me llamó la atención, la seguí por Instagram, vi el proceso que seguía con su socializadora, la fui siguiendo. Me fue copando y en un momento determinado decidí que quería hacer lo mismo”.

Tras un lento proceso de varios meses, con varios requisitos y entrevistas, Josefina recibió a Lola en noviembre de 2019 y convivió con ella hasta diciembre de 2020. 

“Tengo dos perras más, Ciencias y Celeste. Ciencias es una perra callejera que fue encontrada en la Facultad de Ciencias, de ahí el nombre, hace unos diez años. Celeste también es callejera, la encontramos el día del primer partido del mundial de 2014, en la calle. Y también tengo un gato, Valentín, que no tuvo nombre hasta que una amiga que se llama Valentina decidió ponerle Valentín (ríe)”.



¿Qué tal se llevan todos juntos?

Ciencias y Celeste se llevan muy bien, y Valentín se cree perro (ríe) así que también se lleva muy bien. La entrada de Lola fue difícil, no fue sencilla porque las perras duermen fuera (yo tengo jardín), Lola tenía que dormir adentro y había un poco de celos, pero con el tiempo se acostumbraron.

Josefina explica que el proceso de socialización de un perro guía dura entre nueve y quince meses. A los tres meses de nacer se les asigna el socializador. “Fundappas busca socializadores, que es el rol que yo cumplí con Lola. Dejan al perro un año con la persona que se les asigna para que aprenda lo que se llama “obediencia básica”: que se sienten, que se echen, que respondan al nombre, que se queden quietos…”. Tras esta etapa vuelven a la Fundación e inician una segunda etapa con entrenadores de perros guía, hasta asignárseles a la persona a la que acompañarán por el resto de sus vidas. “Hay dos tipos de usuarios receptores de perro guía” señala Josefina. “Puede ser un niño con trastorno de espectro autista o una persona no vidente o de baja visión. Los perros que se dan para cada uno de los casos son perros entrenados de manera diferente”. Lola acompañará a una persona de baja visión o no vidente.

¿Cómo es Lola?

¡Qué pregunta! Lola es única. Es especial. Cualquier persona que la conoce, la mira a los ojos y tiene una expresión en la cara. No sé si humana es la palabra, pero es expresiva, te transmite sentimientos. Siempre te está escuchando, observando. Es muy atenta. Tiene una mirada muy profunda. Es muy enérgica también, muy intensa. Necesita estar en contacto contigo todo el tiempo, estarte mirando. Superinteligente, obediente. Esto último supuestamente es una característica de la raza labrador”

Al principio era un poco agotador. Porque era 24 horas al día, siete días a la semana. Y después, como que fui ganando esa paciencia y me fui encariñando. Obviamente cuando dejé de estar con ella fue algo de lo que me costó desprenderme. Salía de mi casa y sentía que me faltaba algo, que me estaba olvidando de algo, y era Lola. Como que ya tenía esa necesidad de estar todo el tiempo con alguien”. 

¿Qué aprendiste de ella?

Mucho compañerismo. La paciencia que nos tienen. Tras pasar por el proceso de Lola me empecé a dar cuenta de que a los perros no les molesta estar ahí, quieren estar ahí [junto a su amo]. Yo con Lola pasaba 24/7, todos los días a toda hora, y siempre estaba ahí. Y eso no es normal, por lo menos no en los seres humanos: nosotros nos ponemos de mal humor. De una forma empecé a adquirir esa paciencia porque también yo tenía que estar con ella. Gané esa paciencia, como ese compañerismo de estar ahí y empezarlo a disfrutar”. 

Esa paciencia y compañerismo de estar siempre acompañada fue lo que más gané. Fue algo superlindo, que lo hice como a la fuerza en cierta manera pero sin duda fue algo bueno. Aprendí a estar todo el día acompañada y a dar compañía todo el día y estar ahí siempre para ella.

Mi madre decía: “qué embole ser perro guía, tenés que estar todo el día con otra persona” (ríe) y yo pensaba: "el sueño de cualquier perro es estar siempre con su dueño". Vos llegás a tu casa y el perro te hace fiesta, te vas y el perro llora. Creo que en realidad viven el sueño de cualquier perro. En realidad la cantidad de tiempo que están trabajando es muy poco, cuando el dueño se traslada de un lugar a otro, que les ayudan a caminar sin cruzarse con ningún obstáculo. Cuando el usuario está sentado o en reunión el perro está ahí, y creo que es lo que más disfrutan.

Con respecto a las cualidades que debe tener alguien que se plantee socializar a un perro guía, Josefina considera que “hay que estar muy dispuesto a tener paciencia y a aprender. Yo no era muy paciente, sinceramente. Gané un montón de paciencia. Y estaba dispuesta a aprender, a mí me fascina aprender. En el proceso vas entendiendo a tu perro porque todos los perros son diferentes. Tenes que estar atento a escucharlo, a observar los movimientos, a empezar a entenderlo, para que la convivencia sea agradable para los dos”.

Preguntada por el momento en que ambas tuvieron que despedirse, Josefina destaca que cuando vas a buscar al perro el primer día, el socializador sabe que “en determinada cantidad de meses ya no lo vas a tener más”, y que “estás haciendo eso porque otra persona necesita a ese perro”. “Y creo que esa es la parte más importante y la que no podemos perder de vista. O sea, yo voy y hago esto no porque quiero tener a un perro al lado mío todo el día sino porque hay una persona que necesita un perro guía. Cuando fui a entregar a Lola fui llorando, pero al ratito se me pasó, porque en realidad era como esa angustia de dejarla de ver, pero no perdía de vista que yo esto lo estoy haciendo por otra persona, porque en realidad ella va estar con otra persona que la necesita”.

 

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