Del otro lado del planeta

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Lunes, marzo 19, 2018

Tres estudiantes cuentan su experiencia de intercambio durante un semestre en Corea del Sur

Seúl es una ciudad chica para las más de 25 millones de personas que viven en ella. Por eso los espacios hay que aprovecharlos, casi no existen las plazas y los parques y los campus de las universidades son aprovechados por familias con niños. Un cine puede estar en el octavo piso de un edificio y un restaurante en un subsuelo. Al mismo tiempo es un lugar donde abundan las propuestas innovadoras como por ejemplo un café en el que, entre bocado y bocado, se puede acariciar ovejas. “Esas ideas funcionan como modelo de negocio”, destaca Steffany Azuaje, una de las estudiantes de la Licenciatura en Negocios Internacionales e Integración de la UCU que vivió el último semestre de intercambio en la capital surcoreana.

Fue un semestre en el que tanto Steffany como sus compañeras, Valentina Frioni y Soraia Marino, vivieron desde adentro la cultura coreana. Las tres estudiaron en la Sogang University, universidad jesuita ubicada entre las de mayor prestigio de la península, Alma mater de gobernantes de primer nivel.

“Aprendí mucho del idioma y el origen de su disciplina. Ellos son el ejemplo vivo de la importancia de la educación de toda la población para el desarrollo económico”, agrega Steffany y sostiene que, aún así, los coreanos tienen qué aprender de Uruguay: sobre todo a llevar una vida un poco más tranquila y sociable. “Por la exigencia del estudio y el trabajo los coreanos no tienen mucho tiempo para socializar. Sus círculos de amistades son muy pequeños”, explica.


En la foto: Steffany Azuaje

Cómo se reparten las amistades también es una curiosidad surcoreana. Solo son amigos entre quienes pertenecen a la misma generación, los más jóvenes y los mayores llevan una denominación particular en señal de respeto y distancia. “Fue la mejor experiencia que he tenido en la vida, aprendí sobre una cultura muy distinta, otra visión de la economía e ideas de negocio. A la vez, me ayudo a conocerme mejor. También conocí mucha gente maravillosa que compartió el intercambio conmigo”, recuerda Steffany.

Valentina, por su parte, destaca la cultura de respeto hacia el otro de los coreanos. “Están acostumbrados a dejar sus cosas en cualquier lugar porque saben que nadie las va a robar. También saben que pueden caminar en la noche sin miedo”, destaca. “Hay muchas cosas de su cultura que, para aprenderlas, es indispensable vivirlas en el día a día y experimentarlas”, agrega. Para ella, el semestre en Seúl fue una experiencia que “valió la pena. Estoy muy agradecida con la UCU por darme esta posibilidad que me aportó mucho en lo profesional y en lo personal”.


En la foto: Valentina Frioni

“En la cultura coreana es importante el aspecto visual de las personas. No se ve a un coreano mal vestido, ni casual-elegante. Lo mismo con las mujeres, siempre están muy bien vestidas y la cara maquillada con tonos suaves”, resalta Soraia, quien soñaba con viajar a Corea desde que tenía 13 años. 


En la foto: Soraia Marino

En Corea aprendió a tener orgullo de sus raíces “ellos son muy patriotas y creo que al uruguayo le falta eso. No solo sacar la bandera durante los partidos de la selección, también nos falta presentar a Uruguay con su costado bueno. Ellos son arraigados a su pasado, sienten orgullo de haber superado todas las dificultades, desde las guerras hasta la colonización por mano de los japoneses en 1930, que les dejó una herida profunda”, agrega.

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