El desafío de construir un Derecho penal digno de una democracia constitucional

El desafío de construir un Derecho penal digno de una democracia constitucional

Miércoles, agosto 14, 2019

Columna del decano de la Facultad de Derecho, Mario Spangenberg

En los últimos siglos, el Derecho penal ha asumido -cual verdad revelada- que el sospechoso o indagado de haber cometido un delito es, siempre, la parte débil del conflicto. Y ése es, precisamente, el punto de partida sobre el que la ciencia penal ha construido sus principios, reglas y garantías. Ahora bien. Ello es correcto, únicamente, bajo el prisma o ecuación: Monarca (Estado) - Súbdito infractor de la norma (Ciudadano indagado), con el que ha trabajado durante más de trescientos años.

Ocurre sin embargo que una democracia constitucional moderna, para considerarse tal, no puede permitirse ignorar a las víctimas del delito, ni desconocer, a un mismo tiempo, el derecho del resto de los integrantes de la sociedad a convivir pacíficamente. El problema penal, desde esta perspectiva, es considerablemente más complejo y sofisticado que hace unos siglos; lo que ciertamente no debería llamar la atención. En los hechos, incluso la premisa sobre la que el Derecho penal erigió su monumental edificio clásico ha dejado de tener la hegemónica validez de antaño y ha pasado a ser un punto de partida en entredicho.

El desafío, al interior de la ciencia penal, no es otro que asumir el esfuerzo de elaborar un Derecho penal digno de una democracia constitucional moderna que sea capaz de asumir la tarea, ciertamente más ardua y difícil, de protección -en pie de igualdad y con similares estándares de tutela jurídica- del sospechoso o indagado, la víctima y también el resto de la sociedad. Lo que no dista mucho, claro está, de ser una tarea científica de proporciones monumentales; pero esas complejidades, como es obvio, son inmanentes a la construcción democrática. 

Lo contrario, aunque menos trabajoso, sería contentarse con seguir abrazados a esquemas conceptuales carentes de sentido y lo que es aún peor, huérfanos de toda legitimidad democrático constitucional. Lo que a esta altura, resulta inaceptable. 

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