Helado, máquina para hacer bagels y dos lecciones de vida invaluables

Helado, máquina para hacer bagels y dos lecciones de vida invaluables

Lunes, setiembre 19, 2022

Resiliencia

 

Por Chris Lowney para Forbes

 

Si las máquinas para hacer bagels hubiesen sido más baratas, una de las mayores empresas de helados del mundo quizás no existiría. 

Los aficionados al helado Cherry Garcia podrían adivinar que estoy haciendo referencia a Ben & Jerry, los inverosímiles magnates del helado. Su carrera engloba dos lecciones de vida importantísimas para el resto de nosotros: sean humildes y sean resilientes; porque en la vida, “chip happens,” (juego de palabras para referirse al hecho de que no siempre todo sale como uno lo espera), por así decirlo. 

Antes que nada, recordemos la saga de la máquina de bagels: Ben Cohen y Jerry Greenfield, amigos desde niños, inicialmente se embarcaron en carreras independientes. Pero cuando ambos se enfrentaron a perspectivas inciertas, se juntaron para lanzarse en un emprendimiento, con miras a abrir una tienda de bagels. Este plan no tuvo andamiento cuando los futuros emprendedores no pudieron costear una máquina para hacer bagels. 

Pasaron al plan B: hacer helado, donde rápidamente los fans disfrutaban de sus deliciosos productos, y los dos fundadores eventualmente tuvieron una ganancia inesperada cuando Unilever les compró su empresa por $326 millones de dólares en el año 2000.

¿Pero qué hubiese pasado si la máquina de hacer bagels hubiera sido más barata? ¿Hubieran Ben y Jerry disfrutado de un espectacular éxito como el que tuvieron si se hubiesen dedicado a hacer bagels con galletitas y caramelo? Quién sabe, pero uno tiende a dudar. 

A primera vista, esta saga parece única: ¿quién de nosotros ha pasado de ser un posible productor de bagels a un titán de la industria del helado? Pero su historia personifica dos lecciones de vida universalmente importantes que todo emprendedor exitoso, padre/madre, director, o titán corporativo ha tenido que aprender a la larga: sean humildes y sean resilientes. 

En primer lugar, sé humilde: acepta el gran papel que la suerte y la oportunidad juegan en la vida y en el negocio. El gran éxito de Ben & Jerry indudablemente refleja su dedicación y su perspicacia. Pero una gran “cucharada” de suerte también influyó: no fue gracias a una brillante percepción estratégica sino al costo prohibitivo de la máquina de bagels que los impulsó en un principio hacia una trayectoria más fortuita. 

La suerte tiene un rol crucial en la vida de las personas. Pero para muchos de nosotros es difícil reconocer este hecho, especialmente si hemos sido exitosos. Los investigadores han descubierto un “defecto” curioso en la manera en que nosotros los humanos analizamos nuestros propios éxitos: particularmente tendemos a sobrestimar el rol que la suerte juega en nuestros éxitos, y en contrapartida le damos demasiado crédito a nuestro trabajo duro, habilidades y perspicacia, una tendencia conocida como “prejuicio de retrospectiva” 

Por ejemplo, luego de la adquisición exitosa de inversiones en la Bolsa en un mercado claramente ascendente, tendemos a creer que fue gracias a nuestra visión e inconscientemente le restamos importancia al hecho de que las condiciones favorables del mercado sin duda maximizaron nuestras ganancias. El mismo pensamiento se evidencia en otras áreas, por ejemplo, al realizar elecciones de carrera exitosas, al contratar al personal, o en proyectos de negocios. 

Esta subjetividad nos conduce a lo que los psicólogos llaman “ilusión de control”, que puede jugarnos en contra a la larga. Cuando atribuimos gran parte de nuestro éxito a nuestro propio ingenio, somos propensos a sentir un exceso de confianza, la convicción de que consistentemente tomamos buenas decisiones. Un gestor de acciones en un mercado en alza se vuelve petulante y eventualmente comete un error garrafal en uno de sus negocios. 

O, al enfrentarnos a un problema difícil en nuestra empresa, confiamos demasiado en nuestro instinto; prescindimos de un análisis lo suficientemente minucioso, o descartamos los comentarios de colegas que podrían saber mucho más del tema que nosotros en lo que concierne a ese desafío al que nos enfrentamos. 

Los líderes sensatos, en cambio, resisten la tentación de confiar en su supuesta brillantez. Los que toman las decisiones más inteligentes resultan ser los más humildes. Se resisten al exceso de confianza, hacen sus deberes, recaban información y siempre tienen presente que una gran decisión tomada el día de ayer no garantiza el éxito del mañana. Se protegen de la “ilusión de control”, y perciben en forma acertada el rol que la suerte y la oportunidad han tenido en sus éxitos pasados. 

Lo que nos lleva a nuestra segunda lección: sean resilientes, porque en la vida, “chip happens,” (pasan cosas malas), por decirlo de alguna manera. Los resultados que obtenemos en la vida real difícilmente se dan de acuerdo a un plan maestro. Muchos futuros emprendedores no pueden lidiar con esta realidad no tan agradable. Se dan por vencidos cuando se enfrentan a lo que parece ser un obstáculo difícil de zanjar: en el caso de Ben y Jerry, el costo prohibitivo de la máquina de bagels. 

Las personas exitosas, en cambio, aceptan que el “Plan A” casi nunca se cumple. En un mercado volátil como el de hoy en día, uno no puede predecir, y mucho menos controlar, cada obstáculo que surgirá en el camino al querer transformar nuestras ambiciosas aspiraciones en realidad. Por el contrario, los negocios (y la vida) seguramente se presentarán como una sucesión de caminos equivocados, rotondas, curvas, desafíos y problemas inesperados. 

Seguramente todos ya sabemos esto, pero a menudo solamente en un terreno estéril, intelectual. Pocos son los que están preparados cuando les toca vivirlo personalmente. Una cosa es leer sobre la resiliencia en un libro de liderazgo, y otra muy distinta es sufrir un revés humillante y aceptarlo estoicamente como una encrucijada donde la resiliencia y la creatividad se forjan. 

Sean humildes: alejen de ustedes la ilusión de control. Y sean resilientes: acepten que la vida real rara vez es “un helado suave y dulce”, más bien, es un camino de piedras. 

 


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