Horizontalidad y vínculos desde el juego

Horizontalidad y vínculos desde el juego

Lunes, agosto 8, 2016

Estudiantes de tercer año de Recreación Educativa realizan prácticas profesionales en el Centro Pedagógico Terapéutico, en la Unidad Penitenciaria n°5 – femenino  y en el Hospital Vilardebó

La Licenciatura en Recreación Educativa cuenta, desde 2015, con una práctica curricular focalizada en la que estudiantes de tercer año aplican los conocimientos adquiridos para sistematizar y formalizar la educación en tres instituciones montevideanas.

Las actividades se realizan en el Centro Pedagógico Terapéutico, en la Unidad Penitenciaria n°5 – femenino y en la Sala 8 del Hospital Vilardebó. El coordinador Lic. Ignacio López explica que "la recreación implica 'hacer con otros', por medio de diferentes estrategias y posibilidades de actividad; la práctica profesional fortalece la formación de los estudiantes a través de propuestas que salen del ámbito tradicional como los centros educativos o clubes juveniles, en donde los estudiantes ya tienen experiencias”.


Las instituciones en las que se desarrollan las prácticas "ofrecen muchas posibilidades de construir por medio de la recreación educativa", afirma López. Durante este proceso, los estudiantes constatan que pueden hacer un aporte significativo desde su profesión: "la práctica implica un cambio en la metodología de trabajo habitual de la recreación, que siempre es con grupos en un formato que inspira la dimensión lúdica. Hay un trabajo con el pienso sobre el ocio y el tiempo libre, y sobre el papel del juego que genera horizontalidad y nos permite vincularnos desde otra dimensión”.

Miguel Rodríguez es uno de los estudiantes que fue al Hospital Vilardebó. Al enterarse dónde sería su práctica se sintió 'desafiado' porque nunca había trabajado en un contexto similar. Contexto que le exigió poner en práctica sus conocimientos y la creatividad. En el Hospital Vilardebó los estudiantes aplican juegos de caja o certámenes del saber con una población de hombres, en los que se busca generar una situación diferente al ambiente en el que viven. Tras un juego inicial, Miguel sintió que la recreación permitió generar "un vínculo horizontal que permitió nuevas posibilidades de participación y logró apertura y disposición de los pacientes. 


“Creo que estas prácticas generan en los estudiantes una capacidad reflexiva y de cuestionamiento sobre cómo llevar adelante las prácticas educativas. En lugares donde el hecho de jugar y educarse es visto por muchos como una utopía, tenemos la tarea de generar que sea una realidad a través de la recreación”, señala Alexander Acosta, estudiante que realizó su práctica en la Unidad Penitenciaria n°5 – femenino. Allí trabajaron con un grupo de madres con hijos y otro de presas primarias. Para el primero se busca brindar un espacio de vínculo y encuentro, por medio del juego, a la vez de educar para el tiempo libre de las personas. Con el segundo grupo se entregan consignas semanales. Alexander considera que en este caso, la recreación debe ser vista como “una herramienta que contribuye a la reinserción social y que favorece a cada individuo a re-crear su realidad. A través del juego y las actividades lúdicas, se puede trabajar en valores, generando en los participantes la capacidad de re-pensarse como individuos dentro y fuera del centro penitenciario, re-pensando además cada cual sus valores y principios fundamentales, con una capacidad reflexiva y teniendo en cuenta cómo pueden afectar sus decisiones en todo su entorno”.

A Manuel Mallarine, la práctica en el Centro Pedagógico Terapéutico le enseñó a “atender y apreciar el detalle en cada individuo”. Trabajar con niños de Primaria y con adolescentes con Síndrome de Asperheit, Trastorno de Espectro Autista o dificultades de socialización, les plantea a los estudiantes de la UCU el desafío de “pensar propuestas individualizantes que atiendan a diferentes situaciones y perspectivas de juego, que a su vez acompañen el crecimiento de los adolescentes”, afirma López. Esta realidad sacó a Manuel de su “zona de confort” y le permitió captar diversas expresiones simples: “una mirada, un apretón de manos, un temblor, un gesto; en el detalle encontraba lo esencial”. Además, lo llevó a romper esquemas de la profesión, sobre la forma de vincularse con los demás: “puedo resumirlo en una frase: ´el CPT me rompió la cabeza y me tocó el corazón´”.

La práctica termina con la proyección REC (Relatos de Experiencias para Contar), en la que los estudiantes relatan su experiencia y realizan una evaluación final del curso.

Fotos: Josefina Cuneo | Las fotos fueron tomadas en Ibirapitá Recreación

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