Investigar al calor de la costa oeste

Investigar al calor de la costa oeste
Viernes, agosto 9, 2019

Nicolás Albertoni es, según la organización Global Americans, uno de los 20 intelectuales emergentes de América Latina 

Nicolás Albertoni es, con 32 años, uno de los investigadores más jóvenes de la UCU. Aquí se licenció en Negocios Internacionales e Integración en 2010. Desde 2012 sus días transitan entre Estados Unidos y Uruguay. Albertoni tiene una maestría de la Escuela de Política Exterior de la Universidad de Georgetown. Ahora realiza un doctorado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad del Sur de California y allí investiga en el Laboratorio de Economía Política y Seguridad. Su trabajo se focaliza en el diseño de políticas públicas sobre desarrollo e inserción internacional de América Latina. Según la organización Global Americans, el investigador uruguayo es uno de los 20 intelectuales emergentes del continente latinoamericano.

Sus días en Los Ángeles pasan entre su trabajo en la Universidad y largas horas de bibliotecas que antes transitaron figuras como Neil Armstrong, George Lucas, o el actual primer ministro de Japón, Shinzō Abe.

Hace pocas semanas —frente a una sala Bauzá repleta— presentó su tercer libro, Uruguay como solución. Lo que sigue es una entrevista en la que Albertoni reflexiona sobre su nuevo trabajo editorial, su vida entre California y Montevideo y su rutina universitaria.

¿Qué es lo que más se disfruta de la vida en la Costa Oeste de Estados Unidos?

El clima sin dudas. Vivir todo el año sin un invierno duro como el que se vive en la Costa Este es impagable. California en general es un lugar donde el verde, los cerros y la playa parecen haber encontrado su lugar y se quedaron para siempre. Hace cinco años vivo en Estados Unidos, dos años en Washington DC y ya llevo tres años en Los Ángeles, pero a este clima no lo cambio por nada. Además, el hub académico y de investigación que es California hace también que la Costa Oeste sea un lugar privilegiado para trabajar. Es una zona en la que viven o visitan muchos profesores del mundo. Tuve clase, por ejemplo, con dos premios Nobel de Economía como Daniel McFadden (2000) y Joseph E. Stiglitz (2001).

¿Cómo vivís el hecho de mantenerte conectado a lo que pasa en Uruguay, pese a estar lejos?

Uruguay y América Latina en general son mi foco de estudio. Por eso mi mirada está puesta en lo que pasa en nuestro país; más que un interés como ciudadano que hoy le toca estar afuera, es parte de mi trabajo. Si algún movimiento político, comercial o económico importante se está dando en el Cono Sur, mis colegas seguramente me lo preguntarán en los pasillos de la universidad, y yo debo estar al tanto. A su vez, el análisis para cadenas internacionales te termina acostumbrando a ver por dónde va la noticia y cuáles pueden ser los temas de interés a los que uno debe ponerle foco. Hoy el mundo está realmente conectado en todos los sentidos: basta con ver cómo un ataque terrorista, a las pocas horas, tiene un impacto directo en el mercado financiero y el precio del petróleo, por ejemplo.

¿Cómo es tu día típico en la Universidad?

Acá los estudiantes de doctorado trabajamos para la universidad. Yo hago horario normal de oficina. Tengo mi espacio de trabajo donde me reúno con colegas, recibo a estudiantes y hago investigación. Son lugares muy dinámicos. Si surge una duda, siempre hay gente con la que se puede conversar y consultar. Uno, además, siempre tiene que estar abierto a estas charlas. Por eso cuando realmente tengo que focalizarme para tener algunas horas de lectura prefiero ir a la biblioteca. Mis preferidas son Doheny Memorial Library y The Hoose Library of Philosophy. Siempre voy al mismo lugar. Son espacios que cuando caminás —al menos a mí— por ahí se te viene a la cabeza todos los que fueron estudiantes y que pasaron por esos pasillos como Neil Armstrong, George Lucas, o el actual primer ministro de Japón, Shinzō Abe.

¿De dónde nace la idea de escribir Uruguay como la solución?

Este libro surge de la firme convicción de que el actual contexto internacional nos obliga a pensar la estrategia de inserción, no como algo importante a debatir, sino como un problema urgente que debemos solucionar. Al desgrabar medio centenar de entrevistas a políticos, activistas sociales, empresarios y sindicalistas para entender el modelo de desarrollo de países como Nueva Zelanda, Finlandia y Corea del Sur me encontré con que persistentemente, al mencionar de los desafíos del país, hablaban en la primera persona del plural: “nosotros”. Me lamenté cuando al desgrabar varias entrevistas de Uruguay me encontré con que tras la palabra “nosotros” casi siempre aparecía la tercera persona del plural: “ellos”. Este factor me hizo dejar anotado en algún pie de página del libro anterior lo siguiente: “¿Qué pasaría si un país se pensara a sí mismo como el principal insumo para encontrar soluciones a los problemas que lo alejan del progreso?”. 

Luego me reencontré con la obra que Alberto Methol Ferré escribiera allá por los 70, El Uruguay como problema. Y combinando el camino aprendido en los libros anteriores, más los cambios del mundo actual, este libro muestra por qué es necesario ver al Uruguay como solución y ya no como un problema.

En pocas palabras ¿Por qué Uruguay sería la solución?

Es necesario, cada tanto, salir de nuestras discusiones diarias para interpelarnos a nosotros mismos. Es decir, mirar hacia el mundo para encontrarnos con nuestras posibilidades reales. Quizá esta sea la principal filosofía para empezar a ver a Uruguay como solución.  

¿Cómo se ve Uruguay desde la costa Oeste?

En términos generales, lo ven como un país diferente al resto de la región: tenemos instituciones fuertes y un sistema político sólido. Así mismo, cuando hablo con colegas cuyo foco de estudio es también América Latina, uno ve que, al afinar la lupa, surge a todas luces que, si bien somos sólidos institucionalmente, tenemos enromes desafíos de competitividad, y eso se empieza a percibir cada vez más. 

¿Cuáles son las oportunidades y desafíos que presenta el mundo actual para Uruguay?

Si analizamos las principales características de esta cuarta revolución, que ya está en marcha, el elemento más distintivo es su carácter “intangible”. Esta nueva revolución no se sustenta en la necesidad de grandes fábricas y poblaciones para hacer funcionar la producción. Es la revolución de las ideas. Una revolución en la que nuevos actores —países, instituciones y personas— pasan a tener la oportunidad de alcanzar una dimensión global de inserción en el mundo que antes —muchas veces por razones de escala— se les hacía muy difícil lograr. En esta cuarta revolución, el hecho de ser protagonistas globales se vuelve una opción real tanto para las empresas como para los países de mediana y pequeña escala económica. El principal desafío pasa, entonces, por trazar una estrategia que permita a empresas y países sacarle provecho a esta cuarta revolución.

¿Cómo se afronta este desafío de "evitar la interpelación a sí mismo" y "eludir las comparaciones facilistas que no nos alientan a crecer"?

Justamente la inserción internacional puede ser una gran herramienta para interpelarnos a nosotros mismos. Un país que no está en contacto económico, comercial y político permanente con el mundo no se interpela a sí mismo y tiende a comparaciones facilistas que muchas veces no lo alientan a crecer. Por el contrario, lo terminan conformando con logros válidos, pero insuficientes.

Facultad:

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