Poesía que humaniza

Poesía que humaniza

Martes, julio 5, 2022

Seth Michelson es estadounidense y siente que un pedacito de él está en el Río de la Plata. Su esposa es argentina, suelen visitar Buenos Aires y, cuando pueden, cruzan a Montevideo. Pero no solo eso. Seth –nacido en 1975, poeta y profesor con una trayectoria reconocida alrededor del mundo- había elegido a la Universidad Católica del Uruguay en 1996 para realizar un semestre de intercambio y la eligió de nuevo hace casi dos meses, cuando una beca Fulbright le permitió volver hasta fines de agosto a dar clases y realizar investigaciones con la poesía en el centro. 

Seth es profesor catedrático de Poesía de las Américas en la Universidad Washington & Lee de Estados Unidos donde fundó y dirige el Centro de Indagaciones Poéticas. En nuestro país Seth está brindando un taller de poesía para público en general en la UCU y uno para personas privadas de libertad que se encuentran en Unidad 6 de Punta de Rieles, junto con un grupo de estudiantes de distintas carreras de la UCU y el Centro Berit.  

El trabajo en cárceles no le es ajeno. Dentro de las decenas de libros que publicó y tradujo, se encuentra Dreaming America: Voices of Undocumented Youth in Maximum-Security Detention (2017), una antología de poemas en inglés y español escritos por adolescentes recluidos en un centro de detención de inmigrantes juveniles de máxima seguridad en Estados Unidos. Esos poemas fueron el resultado de un taller de poesía que Seth dictó en el centro. 

Lo que sigue a continuación es el resumen de una entrevista sobre el taller en Punta de Rieles, su alcance y aprendizajes que Seth respondió con termo y mate en mano. 

Seth Michelson

¿Cómo se desarrolló el taller de poesía en Punta de Rieles? 

Me encanta. Es como cualquier taller con poetas, de cierto modo. Obviamente hay una fachada importante, que es la violencia vivida diariamente, una crueldad cotidiana. No lo quiero minimizar diciendo que anda todo bien, porque siempre está presente eso. Siempre intento alterar el ambiente a través de la poesía. Y también que podamos enfocarnos en esa idea de la poesía como una actividad ontológica, para que en el taller se exploren y compartan sus propias exploraciones. Vos te vas indagando poéticamente, algo muy necesario especialmente en la cárcel, donde para controlarte tienen que homogeneizarte y te crean como una autocensura. En contra de eso, está el aparecer de nuevo poéticamente. Es algo muy digno y humanizante. 

¿Quienes tomaron el taller lo vivieron de esa manera?

Hay mucha planificación de antemano para poder crear este ámbito, cultivar esas exploraciones autóctonas y tener el coraje y la seguridad de poder compartirlo, especialmente en una cárcel, donde es un riesgo revelarse y se hace mucho para intentar no ser visible. 

En este taller no pasabas desapercibido, al revés, tenías que autopercibirte y por ende que los demás te perciban también. ¿Cómo convivían con eso?

En términos metodológicos lo que hago es entrar y crear un espacio seguro, confiable. Pueden confiar en mí. Lo que quiero es un espacio y personas. Porque la poesía es para todos. 

¿Eso lo manifestaban?

En mi libro Dreaming America un tercio de los chicos son analfabetos y el promedio educativo es de segundo año de Primaria. Desde el primer contacto hago mucho para establecer un ambiente de confianza, seguridad, que no es nada del Estado, no tiene nada que ver con el gobierno, sus juicios, sus penas. Tiene que ver con ellos. Y les digo: "Estoy acá para ustedes". Y poco a poco se dan cuenta de que soy como un tío loco. Somos dignos en nuestras diferencias, no es algo para castigar o despreciar. Para ellos eso es algo bueno porque casi todos son huérfanos desde los seis u ocho años, han migrado, fueron echados de campamentos de refugiados. Vienen heridos, muy dañados y son niños. 

Te traigo a Uruguay. ¿Algo similar ocurría en la Unidad 6?

Sí. La mayoría están sufriendo mucho y bajo las consecuencias de haber nacido bajo una pobreza terrible, en condiciones muy violentas. Siempre enseño una pedagogía situada, es decir que quiero aprender del lugar, de la demografía y, más que nada, de cada persona. De sus personalidades, sus intereses, sus pasiones, sus deseos, sus sueños. 

¿Cuántas personas tomaron el taller?

Al principio se inscribieron más del cupo disponible. Algunos entraban y salían. Hubo un grupo fijo y uno de ellos, el lunes pasado, se me acercó y me dijo casi susurrando: "Hoy me sentí libre". Lo pongo de ejemplo, pero es algo común. Siempre me impacta que lo digan y me siento muy afortunado y agradecido de poder participar en algo tan profundo en su vida. Es entrar y cambiar sus experiencias vividas. No es por la poesía, ni el taller. Es porque hemos podido crear una oportunidad para esa persona para explorarse, ser escuchado, visibilizarse y él también escuchar a los demás. 

Seth Michelson

¿Qué participación tuvieron los estudiantes en el taller en Punta de Rieles?

Todos son puros poetas. Y si quería ponerlos en parejas a propósito una persona de Punta de Rieles con una persona de la UCU, decía: "Ahora quiero parejas: un poeta de acá con un poeta de la Católica" y se ponían juntos. Es un colectivo de poetas. Para todos el próximo poema es el más importante. 

Estás haciendo también un taller de poesía para público general en la UCU (hasta el miércoles 13 de julio). ¿Es distinto al de Punta de Rieles? 

Tiene mucho que ver con lo que hago los miércoles en la UCU como tiene que ver con lo que he hecho en Kenia, Alemania, México, Estados Unidos, en universidades, centros culturales, cárceles, campamentos para refugiados en la frontera. Tienen mucho en común por ser colectivos de poetas. 

La poesía es siempre la que vincula y genera comunidad. Quiero normalizar las diferencias de todos para que no sufran. En Punta de Rieles, un poeta en su primera ida al taller después de tres meses de estar encarcelado, que no sabía de la existencia del taller, me dijo: "Gracias por estar porque es la primera vez que he podido respirar y que he sentido un alivio”.

¿Y qué pasa con los contenidos? 

Nadie se define por sus peores momentos o actos o sus mejores momentos o actos. Son complicados, como todos. Lo que hago es ajustar el contenido poético, estético al grupo, a sus necesidades. Si son escritores muy incipientes hago cosas distintas a lo que haría con un grupo muy avanzado en la cárcel. Tenía un grupo en Nueva York en una cárcel de máxima seguridad que era muy avanzado. Uno de ellos con libros ya publicados. Entonces con él estoy operando como con cualquier poeta de su nivel, pero con contenido que diseño para que corresponda con su situación y sus intereses. Siempre es una práctica pedagógica de enseñanza situada, contextualizada. 

Vos elegiste venir a la UCU. ¿Cómo es tu vínculo con la Universidad?

Estudié acá en 1996, fui alumno de intercambio. Ustedes me formaron. Estudié Comunicación. Me encantó, me enamoré del país. He seguido su política, literatura y, si teníamos el dinero, regresábamos con mi esposa, que es argentina, cuando íbamos a Buenos Aires. Cruzábamos y veíamos amigos acá que casi son familia. Me he mantenido en contacto con mucha gente y tengo amistades desde hace 26 años. Acá cuidaba a niños que ahora tienen más de 30 años y tienen hijos. 

¿En qué universidad estabas estudiando cuando hiciste el intercambio?

Universidad Johns Hopkins. La carrera dura cuatro años pero yo la hice en tres y vine en mi tercer año a Uruguay. Tomaba muchos cursos y llegué a los créditos para recibirme antes del cuarto año. En Estados Unidos me recibí de dos carreras: una de poesía en inglés y también de Estudios Latinoamericanos y mi tesis fue sobre poesía en español. 

 

 

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