Recuerdos de una ceremonia inolvidable

Recuerdos de una ceremonia inolvidable

Jueves, mayo 23, 2019

Por primera vez todas las facultades de la UCU celebraron a sus graduados en un mismo acto de colación 

El cartel enorme, de fondo azul y letras blancas, se veía desde la transitada y amplia avenida Dámaso Antonio Larrañaga. El mensaje decía “Bienvenidos graduados” y anticipaba lo que vendría después. El miércoles 22 de mayo el Antel Arena recibió a cientos de jóvenes que, entre recibieron su título entre octubre de 2017 y diciembre de 2018, se graduaron de la Universidad Católica del Uruguay. Por primera vez las seis facultades de la UCU celebraron juntas a sus 1.500 graduados y, también por primera vez, el acontecimiento se hizo fuera del campus universitario. No era, entonces, un acto de colación más. Y así se percibía horas antes de que la ceremonia empezara.



Los graduados llegaron temprano, entre las 16.30 y las 17.30. Buscaron su toga y su birrete y después se instalaron en el backstage en el subsuelo del Antel Arena. Allí se encontraron con sus amigos, inmortalizaron todas las escenas con decenas de selfies, disfrutaron ese momento que no volvería a repetirse jamás. En el interin —comandados por un equipo de coreógrafos—ensayaron algunas rutinas que iban a tener que reproducir más tarde. Mientras tanto, a algunos metros de distancia, las gradas se llenaban de familiares, amigos, docentes, autoridades de la UCU que, tal vez mucho más conscientes de la relevancia del asunto, entendían que este tipo de acontecimientos no se repiten muchas veces en la vida.

Minutos después de las 19, con el ritmo de la canción Viva la vida de Coldplay de fondo, los casi 500 graduados que asistieron a la cita ingresaron a la cancha. Los esperaba, arriba del escenario, Manuela da Silveira que se encargó de llevar con pulso ágil y cálido las distintas instancias del acto de colación. El primer orador de la ceremonia fue el Cardenal Daniel Sturla, S.D.B., Gran Canciller de la Universidad Católica. El arzobispo de Montevideo les dio la bendición a todos los graduados. 



Después salió a escena el P. Dr. Julio Fernández Techera, S.I. El rector comenzó su discurso detrás del atril pero rápidamente decidió bajar a la cancha para hablarles a los jóvenes desde cerca. Su discurso, empático y entusiasta, destacó el vínculo necesario entre los graduados y la UCU. “Los invitamos a tenernos presentes, a acercarse para darnos sus aportes, para apoyar a los nuevos estudiantes, para hacer de nosotros la mejor universidad que podemos ser. También la UCU está invitada al riesgo y la apuesta. Con ustedes tendremos más posibilidades de estar a la altura de ese desafío”.



El tercer orador fue el director del Departamento de Humanidades, Facundo Ponce de León. El investigador de la UCU dio un discurso que recorrió buena parte de su vida académica y tuvo una serie de fragmentos muy conmovedores que impulsaban a los presentes a asumir riesgos incluso en los momentos de mayores logros de sus carreras profesionales.



La encargada de cerrar la ceremonia fue la valedictorian. Por primera vez —con la misma lógica que los actos de graduación de las universidades de Estados Unidos— la UCU invitó a los mejores de su generación a que propusieran un discurso para el acto de colación. Un comité académico eligió la propuesta de Ana Paula Del Valle. De esta manera, la licenciada en Psicomotricidad fue la responsable de hablar en nombre de los graduados. Al referirse a sus pares, Ana Paula utilizó las siguientes palabras: “Esta Universidad supo ser un punto de encuentro para todos quienes hoy celebramos habernos graduado. Con nuestras historias, creencias y realidades, en parte tan iguales. y en parte tan distintas cada uno pasó puertas adentro y completó su formación. Hoy, la UCU nos reúne nuevamente. Pero esta vez con la invitación a salir. Salir con impulso a poner al servicio de los demás nuestros conocimientos y dar sentido a todo lo aprendido, confiando en que las puertas nunca estarán cerradas para nosotros”.

Ana Paula bajó del escenario y sus palabras quedaron resonando entre las paredes de concreto del Antel Arena. Hubo más abrazos, algunas lágrimas, muchas más selfies y guiñadas a las pantallas del score board que siguieron todo el acto en primer plano. Y al final, el esperado gesto académico. Manuela contó uno, dos, tres y los birretes volaron y se mezclaron con la emoción, los aplausos, los gritos, la lluvia de papelitos plateados y los sonidos de Viva la Vida de Coldplay. 

Al final hubo un encuentro multitudinario en el hall. Más fotos, más abrazos, muchas más lágrimas y un evidente deseo de seguir festejando. Los graduados se llevaron los birretes de recuerdo y pidieron tres deseos al devolver las togas. Así se despidieron de sus primeros años universitarios y es probable que se hayan llevado una idea que estaba estampada en la entrada del Antel Arena y decía lo siguiente: “El título es solo el principio, el resto de la historia la escribís vos”. 

Fotos: Adolfo Umpiérrez - Agustín Labat

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